Miedo al que diran

Cómo no preocuparse por lo que piensen los demás

Este trastorno es más que una simple timidez, y requiere un diagnóstico y un tratamiento por parte de un profesional de la salud mental. Tanto si tiene miedo a un solo tipo de situación (como hablar en público) como a la mayoría de las situaciones sociales, la ansiedad social puede afectar gravemente a su vida.

Además de tener miedo de la gente, las personas con ansiedad social suelen tener miedo de que los demás se den cuenta de su ansiedad. Este “miedo al miedo” o ciclo de pánico que se desarrolla puede ser difícil de liberar por sí mismo.

Los científicos han descubierto variaciones genéticas específicas que están potencialmente relacionadas con la ansiedad social. La esperanza es que la comprensión de estas variaciones pueda ayudarles a determinar las causas del trastorno.

Si tiene ansiedad social, probablemente no podrá atribuir su miedo a la gente a una sola causa. Sin embargo, es posible que recuerdes un acontecimiento desencadenante, como pasar vergüenza frente a un grupo o ser reprendido en público por un padre severo o crítico. Para algunas personas, las habilidades sociales poco desarrolladas pueden ser un factor que contribuya a su ansiedad social.

Por qué nunca debe importarte lo que piensen los demás

Nuestro miedo a la opinión de los demás, o FOPO, se ha convertido en una obsesión irracional e improductiva en el mundo moderno, y sus efectos negativos van mucho más allá del rendimiento.  Si empiezas a prestar cada vez menos atención a lo que te hace ser tú -tus talentos, creencias y valores- y empiezas a conformarte con lo que los demás puedan o no pensar, perjudicarás tu potencial.

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Si realmente quieres vencer a FOPO, tendrás que cultivar más conciencia de ti mismo. La mayoría de nosotros vamos por la vida con un sentido general de quiénes somos y, en muchas circunstancias, eso es suficiente. Nos las arreglamos. Pero si quieres dar lo mejor de ti mismo y tener menos miedo a las opiniones de la gente, tienes que desarrollar un sentido más fuerte y profundo de quién eres.

Puedes empezar desarrollando una filosofía personal: una palabra o frase que exprese tus creencias y valores básicos.  Esta filosofía no es un tópico ni un eslogan, sino una brújula que guía tus acciones, pensamientos y decisiones.

Piensa en un momento en el que te sentiste extremadamente ansioso, por ejemplo, antes de levantarte para hablar en público, de levantar la mano en una reunión importante o incluso de caminar por una sala llena de desconocidos. La razón por la que te sentías pequeño, asustado y tenso es que te preocupaba la desaprobación social.

Miedo a ser juzgado

Por tanto, ya no hay condena para los que están en Cristo Jesús. Porque la ley del Espíritu de vida os ha liberado en Cristo Jesús de la ley del pecado y de la muerte. Porque Dios ha hecho lo que la ley, debilitada por la carne, no podía hacer. Al enviar a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y por el pecado, condenó el pecado en la carne, para que se cumpliera en nosotros la justa exigencia de la ley, que no andamos según la carne, sino según el Espíritu. Porque los que viven según la carne ponen su mente en las cosas de la carne, pero los que viven según el Espíritu ponen su mente en las cosas del Espíritu. …

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Salmo de David. El Señor es mi pastor; nada me falta. En verdes praderas me hace descansar. Me conduce junto a aguas tranquilas. El restaura mi alma. Me guía por sendas de justicia por amor a su nombre. Aunque camine por el valle de la sombra de la muerte, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo; tu vara y tu bastón me confortan. Preparas una mesa ante mí en presencia de mis enemigos; unges mi cabeza con aceite; mi copa rebosa. …

Cómo no preocuparse por lo que piensen los demás

Si hay una frase que me molesta mucho es la de “qué pensará la gente”. Escuchaba mucho esas palabras mientras crecía e incluso de adolescente no me parecía correcto ni justo que todo lo que hiciera dependiera de lo que pensara la gente. Ahora puedo reírme de ello, pero desde luego no me hacía ninguna gracia que me dijeran de adolescente que no podía salir con mis amigos porque había salido dos días seguidos y mi madre no quería que la gente pensara que era díscola. Mi primera queja sobre esto era que no se aplicaba a mis hermanos, lo cual era muy injusto. En segundo lugar, no podía entender cómo o por qué esa “gente” estaba interesada en controlar la frecuencia con la que salía o me quedaba en casa. ¿No tenían nada mejor que hacer? Así que empecé a rebelarme en pequeños aspectos. Pero, por supuesto, en ese momento, la base para complacer a la gente ya se había establecido y ha llevado años (aún contando) cambiarla. Comprendo perfectamente que mi madre viene de una generación diferente y que sus motivos eran protegerme de los posibles chismosos que me juzgaban y apuñalaban por la espalda, sobre todo porque vivíamos en una sociedad con una visión muy tradicional y sexista de cómo debía comportarse una “buena chica”. Si vienes de una cultura o un entorno con fuertes tradiciones, valores y creencias, puede ser muy duro ir en contra de las normas que siguen tus padres, tíos, tías y la hija de “Tal y Tal” o el hijo de “Tal y Tal”.

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