Que hace bien a otro

Hacer buenas acciones

Ejercicio y estrés: Muévete para controlar el estrésEl ejercicio, en casi todas sus formas, puede servir para aliviar el estrés. Estar activo puede aumentar las endorfinas que te hacen sentir bien y distraerte de las preocupaciones diarias.Por el personal de Mayo Clinic

Prácticamente cualquier forma de ejercicio, desde los ejercicios aeróbicos hasta el yoga, puede servir para aliviar el estrés. Si no eres un atleta o incluso si no estás en forma, aún puedes hacer que un poco de ejercicio sirva para controlar el estrés. Descubre la conexión entre el ejercicio y el alivio del estrés, y por qué el ejercicio debería formar parte de tu plan de gestión del estrés.

Haga lo que haga, no piense en el ejercicio como una cosa más de su lista de tareas. Encuentre una actividad que le guste -ya sea un partido de tenis activo o un paseo meditativo hasta un parque local y de vuelta- y conviértala en parte de su rutina habitual. Cualquier forma de actividad física puede ayudarle a relajarse y convertirse en una parte importante de su enfoque para aliviar el estrés.

Ser amable

Las compras navideñas pueden ser aterradoras, sí. Pero las investigaciones sugieren que merece la pena: Nuevos estudios demuestran los beneficios de las donaciones, no sólo para los receptores, sino para la salud y la felicidad de los donantes, y para la fortaleza de comunidades enteras.

Por supuesto, no es necesario ir de compras para obtener los beneficios de las donaciones. Las investigaciones sugieren que los mismos beneficios se obtienen al donar a organizaciones benéficas o al ofrecer tu tiempo como voluntario, por ejemplo, en un comedor social o en un refugio para personas sin hogar. He aquí algunas de las formas en que dar es bueno para ti y para tu comunidad.

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1. Dar nos hace sentir felices. Un estudio realizado en 2008 por el profesor de la Escuela de Negocios de Harvard Michael Norton y sus colegas descubrió que dar dinero a otra persona aumentaba la felicidad de los participantes más que gastarlo en ellos mismos (a pesar de que los participantes predijeron que gastar en ellos mismos les haría más felices). La experta en felicidad Sonja Lyubomirsky, profesora de psicología de la Universidad de California en Riverside, observó resultados similares cuando pidió a las personas que realizaran cinco actos de bondad cada semana durante seis semanas.

Bienestar o bienestar

Durante la temporada de gripe o en épocas de enfermedad, la gente suele buscar alimentos especiales o suplementos vitamínicos que se cree que refuerzan la inmunidad. La vitamina C y alimentos como los cítricos, la sopa de pollo y el té con miel son ejemplos populares. Sin embargo, el diseño de nuestro sistema inmunitario es complejo y está influenciado por un equilibrio ideal de muchos factores, no sólo por la dieta, y sobre todo por ningún alimento o nutriente específico. Sin embargo, una dieta equilibrada que incluya una serie de vitaminas y minerales, combinada con factores de un estilo de vida saludable, como un sueño y un ejercicio adecuados y un bajo nivel de estrés, es lo que más eficazmente prepara al organismo para luchar contra las infecciones y las enfermedades.

A diario, estamos expuestos constantemente a microbios potencialmente dañinos de todo tipo. Nuestro sistema inmunitario, una red de etapas y vías intrincadas en el cuerpo, nos protege contra estos microbios dañinos, así como contra ciertas enfermedades. Reconoce a los invasores extraños, como las bacterias, los virus y los parásitos, y actúa inmediatamente. Los seres humanos poseen dos tipos de inmunidad: innata y adaptativa.

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Qué ocurre cuando hacemos el bien

¿Qué hace a un buen oyente? La mayoría de la gente cree que se reduce a tres componentes: no interrumpir al orador, seguirle la corriente con expresiones faciales y ser capaz de repetir casi al pie de la letra lo que el orador acaba de decir. Sin embargo, según las investigaciones de Zenger y Folkman, lo hacemos todo mal. En lugar de pensar en un buen oyente como una esponja -que absorbe todo pero proporciona poca retroalimentación-, hay que pensar en un oyente experto como un trampolín que amplifica y apoya los pensamientos del orador proporcionándole una retroalimentación constructiva. Participar en una conversación bidireccional es esencial, según los datos, y Zenger y Folkman definen seis niveles de escucha, todos ellos destinados a ayudar a los oyentes a desarrollar esta habilidad.

Lo más probable es que usted crea que es un buen oyente.    La valoración de la gente sobre su capacidad de escucha es muy parecida a la de su capacidad de conducción, ya que la mayoría de los adultos piensan que están por encima de la media.

De hecho, muchos de los consejos de gestión sobre la escucha sugieren hacer estas mismas cosas: animar a los oyentes a permanecer en silencio, asentir con la cabeza y “mm-hmm” de forma alentadora, y luego repetir al interlocutor algo como: “Entonces, déjame asegurarme de que entiendo. Lo que estás diciendo es…”. Sin embargo, una investigación reciente que hemos llevado a cabo sugiere que estos comportamientos están muy lejos de describir las buenas habilidades de escucha.