¿Qué tomar para activar la memoria?

Refuerzo del cerebro

Los linfocitos B son las células del sistema inmunitario que fabrican anticuerpos para invadir agentes patógenos como los virus. Forman células de memoria que recuerdan el mismo patógeno para producir anticuerpos más rápidamente en futuras infecciones.

En inmunología, un linfocito B de memoria (CBM) es un tipo de linfocito B que forma parte del sistema inmunitario adaptativo. Estas células se desarrollan en los centros germinales de los órganos linfoides secundarios. Los linfocitos B de memoria circulan por el torrente sanguíneo en estado quiescente, a veces durante décadas[1]. Su función es memorizar las características del antígeno que activó su célula B madre durante la infección inicial, de modo que si el linfocito B de memoria se encuentra posteriormente con el mismo antígeno, desencadena una respuesta inmunitaria secundaria acelerada y robusta[2][3] Los linfocitos B de memoria tienen receptores de células B (BCR) en su membrana celular, idénticos a los de su célula madre, que les permiten reconocer el antígeno y montar una respuesta de anticuerpos específica[4].

Las células B internalizan los péptidos extraños, los descomponen y los expresan en los complejos mayores de histocompatibilidad de clase II (MHCII), que son proteínas de la superficie celular. Dentro de los órganos linfoides secundarios, la mayoría de las células B entrarán en los folículos de células B, donde se formará un centro germinal. La mayoría de las células B acabarán diferenciándose en células plasmáticas o células B de memoria dentro del centro germinal[3][6] Los TFH que expresan receptores de células T (TCR) afines al péptido (es decir, específicos para el complejo péptido-MHCII) en la frontera del folículo de células B y la zona de células T se unirán al ligando MHCII. Los linfocitos T expresarán entonces la molécula del ligando CD40 (CD40L) y comenzarán a secretar citoquinas que harán que los linfocitos B proliferen y sufran una recombinación de cambio de clase, una mutación en la codificación genética de los linfocitos B que cambia su tipo de inmunoglobulina[7][8] El cambio de clase permite a los linfocitos B de memoria secretar diferentes tipos de anticuerpos en futuras respuestas inmunitarias[3] Los linfocitos B se diferencian entonces en células plasmáticas, linfocitos B de centro germinal o linfocitos B de memoria en función de los factores de transcripción expresados. Las células B activadas que expresan el factor de transcripción Bcl-6 entrarán en los folículos de células B y sufrirán reacciones de centro germinal[7].

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Células t con memoria

El éxito de las vacunas depende de la generación y el mantenimiento de la memoria inmunológica. El sistema inmunitario puede recordar los patógenos encontrados anteriormente, y las células B y T de memoria son fundamentales en las respuestas secundarias a la infección. Los estudios en ratones han ayudado a comprender cómo se generan las diferentes poblaciones de células B de memoria tras la exposición al antígeno y cómo la afinidad por el antígeno es determinante para el destino de las células B. Además, estos estudios fueron fundamentales para definir los nichos de células B de memoria y cómo responden las células B tras la exposición posterior al mismo antígeno. Por otra parte, los estudios en humanos son esenciales para el desarrollo de vacunas mejores y más novedosas, pero a veces están limitados por la dificultad de acceder a los órganos linfoides primarios y secundarios. Sin embargo, los trabajos que utilizan la infección y/o la inmunización por el virus de la gripe y el VIH en particular han hecho avanzar considerablemente el conocimiento actual de las células B de memoria. Esta revisión se centrará en la generación, función y longevidad de la memoria inmunológica mediada por células B (células B de memoria y células plasmáticas) en respuesta a la infección y la vacunación tanto en ratones como en humanos.

Cómo aumentar la capacidad cerebral

Tal vez haya ido a la cocina y no recuerde por qué o no pueda recordar un nombre conocido durante una conversación. Incluso es posible que falte a una cita porque se le ha olvidado. Los fallos de memoria pueden producirse a cualquier edad, pero tienden a alterarnos más a medida que envejecemos porque tememos que sean un signo de demencia, o de pérdida de la función intelectual. El hecho es que la pérdida significativa de memoria en las personas mayores no es una parte normal del envejecimiento, sino que se debe a trastornos orgánicos, lesiones cerebrales o enfermedades neurológicas, siendo el Alzheimer una de las más temidas.

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La mayoría de los problemas de memoria fugaces que experimentamos con la edad reflejan cambios normales en la estructura y el funcionamiento del cerebro. Estos cambios pueden ralentizar ciertos procesos cognitivos, lo que dificulta un poco más el aprendizaje rápido de cosas nuevas o la eliminación de distracciones que pueden interferir en la memoria y el aprendizaje. Es cierto que estos cambios pueden ser frustrantes y no parecer nada benignos cuando tenemos que aprender nuevas habilidades o hacer malabarismos con múltiples responsabilidades. Gracias a décadas de investigación, hay varias estrategias que podemos utilizar para proteger y agudizar nuestra mente. Aquí hay siete que puedes probar.

Cómo mejorar la memoria a largo plazo

La memoria es la reactivación de un grupo específico de neuronas, formado a partir de cambios persistentes en la fuerza de las conexiones entre neuronas. Pero, ¿qué es lo que permite que una combinación específica de neuronas se reactive sobre cualquier otra combinación de neuronas?

La respuesta es la plasticidad sináptica. Este término describe los cambios persistentes en la fuerza de las conexiones -llamadas sinapsis- entre las células del cerebro. Estas conexiones pueden fortalecerse o debilitarse en función de cuándo y cuántas veces se hayan activado en el pasado. Las conexiones activas tienden a fortalecerse, mientras que las que no se utilizan se debilitan y pueden llegar a desaparecer por completo.

Una conexión entre dos neuronas se fortalece cuando la neurona A activa sistemáticamente la neurona B, haciendo que ésta dispare un potencial de acción (espiga), y la conexión se debilita si la neurona A no consigue sistemáticamente que la neurona B dispare una espiga. Los aumentos y disminuciones duraderos de la fuerza sináptica se denominan potenciación a largo plazo (LTP) y depresión a largo plazo (LTD).

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La modificación de la fuerza de las sinapsis existentes, o incluso la adición de nuevas o la eliminación de las antiguas, es fundamental para la formación de la memoria. Pero también hay pruebas de que otro tipo de plasticidad, que no implica directamente a las sinapsis, podría ser importante para la formación de la memoria. En algunas partes del cerebro adulto, como la importante estructura de la memoria conocida como hipocampo, se pueden crear neuronas completamente nuevas en un proceso llamado neurogénesis. Los estudios realizados en ratones de edad avanzada han demostrado que, al aumentar la neurogénesis en el hipocampo, se puede mejorar la memoria. En los seres humanos, se ha demostrado que el ejercicio aumenta el volumen del hipocampo -lo que sugiere que se están creando nuevas neuronas- y al mismo tiempo mejora el rendimiento en las tareas de memoria.